UNIDAD CENTROAMERICANA

UNIDAD CENTROAMERICANA
El Art. 55 de la Cn. expresa que los fines de la educación son entre otros: "...conocer la realidad nacional e identificarse con los VALORES DE LA NACIONALIDAD salvadoreña, y propiciar la UNIDAD DEL PUEBLO CENTROAMERICANO..."

La profesión. . . un compromiso con la sociedad


Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.


“Todo principio tiene un final...pero, todo final es un principio”.
Cuando se recibe un título académico que le acredita como un profesional de la sociedad, parece ser se ha llegado al final. En este sentido es necesario reflexionar, por cuanto; hoy nos enfrentamos al reto, al desafío de acceder al mercado laboral, en el que existe un hermetismo, que tiene sus orígenes en la discriminación clasista de la sociedad. Es contra ese sistema que corresponde luchar, para poder ver realizados los sueños, de los que se debe nutrir la mente; pues ello, dará la fuerza y el vigor que se necesita para seguir adelante.
En tal sentido, se requiere de imaginación; pues, todas las oportunidades que el ser humano necesita en la vida; esperan dentro de su imaginación. La imaginación es el laboratorio de la mente, capaz de convertir la energía mental en logros y riquezas. El impulso, el deseo, adquieren consistencia y se desarrollan mediante la ayuda de la facultad imaginativa.
En los pasados años, el hombre ha conquistado tan brillantemente el aire; ha aumentando la velocidad de la locomoción, hasta límites insospechables, como viajar con más velocidad que el propio sonido, la tecnología ha sido otro de los provechos, en un momento inimaginables; pues bien, si el hombre ha tenido la osadía de realizar las innumerables conquistas señaladas, con cuanta más razón, se está en la capacidad de vencer los obstáculos clasistas de la sociedad discriminativa.
Por tanto; a iniciar ese nuevo proceso, que permita a cada profesional incrustarse en el sistema, como un ente productivo capaz de transformar la sociedad.
Si bien es cierto; es un reto, un desafío como se indicó, se cuenta con la capacidad inventiva e imaginativa para lograrlo, en tal sentido, es importante destacar, ese papel que la Universidad desempeña, desde una óptica empresarial; es decir, como “visión que el hombre emprende en forma asociada, cooperativa, estructurada y sistemática, lo que procura sostener de manera estable y dinámica para alcanzar beneficios de orden personal y social”.
La Universidad como una empresa sui géneris, se diferencia de cualquier otro tipo de empresa por variadas razones, entre las que se mencionan:
1°.-Su misión. La misión de la Universidad se centra en la tríada de sustantivos: el hombre, la ciencia y la sociedad., siendo obviamente el hombre quién ocupa el primer lugar, sin eludir la ciencia y los beneficios que de ésta se derivan para el conglomerado social.
2°.-Las funciones que cumple. Sus funciones se encaminan a tres verbos claves: educar, investigar y servir. En ese orden de ideas, la Universidad debe acoger, conservar y transmitir la ciencia y los conocimientos ya adquiridos, como patrimonio legado por las generaciones pasadas; para luego incrementarlos, hacerlos progresar y utilizarlos en beneficio de la colectividad.
Asimismo, a toda entidad educativa universitaria incumbe, dedicarse de modo riguroso y crítico; a la garantía e incremento del saber humano, en la médula de cada disciplina académica, mediante la investigación y la enseñanza; de tal modo que se descubra y transmita la verdad.
Por otra parte, dentro de las funciones que las instituciones universitarias desempeñan, está la proyección social a la comunidad local, regional, nacional e incluso  internacional, pues de ésta, tampoco podemos desvincularnos. En ese sentido, la preparación académica, se compromete con en el progreso y la mejor calidad de vida del medio social.
3°.-Los objetivos que persigue. Los cuáles están de conformidad con los fines de la educación nacional.
4°.-La manera peculiar de llevar acabo su propósito. Éste se realiza de manera organizada, científica, universal y autónoma. Su quehacer se lleva a cabo de modo crítico, social y cultural.
En consonancia con lo anterior, la Constitución de la República de El Salvador del año de 1983, en su Art. 55 dice:
“La educación tiene los siguientes fines: lograr el desarrollo integral de la personalidad en su dimensión espiritual, moral y social; contribuir a la construcción de una sociedad democrática más próspera, justa y humana; inculcar el respeto a los derechos humanos y la observancia de los correspondientes deberes; combatir todo espíritu de intolerancia y de odio, conocer la realidad nacional e identificarse con los valores de la nacionalidad salvadoreña...”
Por tanto; podemos afirmar que la universidad tiene la responsabilidad social de la educación moral; en el entendido de que la enseñanza de la moral debe estar por encima de cualquier divergencia ideológica; pues, la Universidad tiene un compromiso con la colectividad, ya que como organismo de Enseñanza Superior dispone de los medios más eficientes para lograrlo.
La universidad debe fortalecer de manera esencial el intelecto, para que a través de éste, se eduque la voluntad, la responsabilidad y el desarrollo de aquellas realidades que son espirituales por naturaleza, como la verdad, la belleza, la caridad, la honestidad, la justicia, el servicio, la cooperación, la lealtad, la tolerancia, entre otros. Sin los valores, las relaciones entre los hombres, los grupos y  las naciones se tornan difíciles y eminentemente peligrosas. 
La trascendencia social que tiene la formación ética que las universidades deben proporcionar a los estudiantes, es irrefutable; pues, si éstas se limitan a enseñar ciencia, tecnología y otros de carácter académico, se corre el riesgo de formar bárbaros científicamente competentes; que formados sin principios éticos, constituyen los más peligrosos de la especie humana, ya que pueden prestar su inteligencia y su preparación científica al servicio de causas innobles y deshumanizantes.
Por otra parte, es imprescindible educar al hombre con vocación de paz, lo cual se logra transformándole desde su interior, extrayendo del interior del individuo todo ese cúmulo de virtualidades y posibilidades que el ser humano posee; debe pues, establecerse el culto a la dignidad humana. La  formación ética implica pues, comprender que se estudia para no convertirse en profesionales esclavizados de manera servil a los tiranos.
Los principios, valores y creencias fomentados por la universidad, permitirán de manera lenta; pero progresiva, eliminar los bajos instintos que se esconden de manera sutil, en los más connotados empresarios y profesionales al servicio público y privado de nuestra sociedad; directrices arcaicas que se dejan ver en todos los estratos sociales; pero de manera evidente, en aquéllos que ostentan el gobierno de los pueblos, para quiénes la dignidad y la vida misma de las personas humanas; son materia prima para la acumulación de riqueza.
Las consideraciones anteriormente expuestas, llevan a concluir que el papel que las universidades deben asumir es complejo, delicado y serio, pues tienen un compromiso social, con las presentes y futuras generaciones; y además, tienen que competir con los grandes problemas creados por las sociedades modernas y que se contraponen a los valores elementales como son la vida, la dignidad de las personas, la justicia, la seguridad y el bien común.
Son grandes los retos, que como profesionales se tienen que enfrentar, si queremos contribuir a la transformación de esa realidad; de lo contrario tendremos que conformarnos a que se nos compre la voluntad, y convertirnos en marionetas del sistema económico; y no se debe olvidar, que un manejo de la economía, sin poner en práctica principios éticos, produce miseria, atraso y por ende injusticia para las grandes mayorías.
En atención a lo expuesto, todo profesional universitario; debe diferenciar dos ideas fundamentales, que le permitan orientar su vida por la razón; y ellas son:
1°.- La profesión no proporciona una capacidad cualquiera, sino una capacidad peculiar que faculta para contribuir con inteligencia y eficacia al bien común.
2°.- La profesión implica un deber para con la sociedad.

EL DÉBITO SOCIAL DEL PROFESIONAL

En consecuencia, es necesario que el profesional viva conforme un conjunto de principios, valores y creencias, que orienten sanamente su cotidiano vivir; con ello, evitará caer en situaciones que pongan en tela de juicio, su formación ética.
Todos aquéllos que hagan de su función una forma de explotar a los débiles de la sociedad, en realidad estarán sembrando, para cosechar tempestades; pues, común es en los tiempos actuales, escuchar a las personas expresiones de desdén en contra de los  distintos profesionales. Cada profesión con sus peculiaridades, y a cada peculiaridad, el epíteto impuesto por la sabiduría popular.  Bien lo expresó el sabio Rey Salomón, con las siguientes palabras: “Quién siembra injusticias, cosecha miserias”.
La corrupción que abate a la precaria economía estatal, se escucha por doquier. Luchar contra ésta, debe ser una de las principales metas de todo profesional que  ingrese al servicio público o privado. Si bien es cierto, se ha hecho una inversión económica para obtener un título académico, la honradez y honestidad, deben ser las características que le identifiquen en todo momento; y en la medida de lo posible, ser capaz de servir de manera altruista a todos aquéllos que necesitan de una mano amiga; pues, el hombre que no vive para servir... no sirve para vivir. En consecuencia, pesa sobre la investidura académica; un gravamen social.