UNIDAD CENTROAMERICANA

UNIDAD CENTROAMERICANA
El Art. 55 de la Cn. expresa que los fines de la educación son entre otros: "...conocer la realidad nacional e identificarse con los VALORES DE LA NACIONALIDAD salvadoreña, y propiciar la UNIDAD DEL PUEBLO CENTROAMERICANO..."

Patria

Moral práctica (Instrucción Cívica)
Dr. David J. Guzmán
Para el filósofo y el cosmopolita todo el planeta es la patria común; pero no es la tierra en que vimos la luz primera, ni es el aire que vivifico nuestros pulmones, ni es aquel hogar donde recibimos el primer beso de nuestras madres, ni la lengua que expresa nuestro pensamiento y sensaciones de la vida. Por eso, aunque estemos en los confines del mundo, nuestra mirada se vuelve ansiosa hacia aquel pedazo de tierra donde están nuestros afectos, los recuerdos de la infancia, la tumba de nuestros mayores y donde nuestra existencia está atada por lazo indestructible a ese sentimiento digno y noble que constituye el amor a la patria.

Sentimiento innato en todos los hombres, es un apostolado que predica con fe sincera el bien de la patria primero que todo, y es el que lleva a los buenos patriotas a los más grandes sacrificios y a los actos de heroísmo que reclama el nativo terruño cuando está en peligro. Y es que ese amor santo es la esperanza del alma, el amor de los recuerdos de gloria y libertad de que gozamos en el seno de la patria, el vínculo que ata el orgullo del nombre, el amor de la familia, el poema de todas las razas y de todas las edades. Ejemplos notabilísimos nos presenta la historia de nuestra América en toda su extensión, en los que vibran las acciones grandes, la magnanimidad, la virtud, el genio, el valor, el heroísmo, la constancia y todos los impulsos generosos y propios de las razas meridionales.

El amor patrio es el que ha creado la solidaridad entre los hombres; los ha hecho más humanos y generosos.

El amor a la patria es esa noble pasión que ha inspirado tantos milagros de abnegación y heroísmo; ella abarca cuanto Dios ha creado de bueno y grande en el corazón humano; herencia preciosa que se trasmiten las naciones y perpetúa en la historia el triunfo de las más altas virtudes, timbre y gloria de la civilización a través de las etapas y de todos los tiempos. Esa llama sagrada no es exclusivo privilegio de los hombres, se comunica a la mujer; y cuando una nacionalidad parece que va a extinguirse por un cúmulo de derrotas, de desgracias múltiples, aparecen entonces esas evocaciones misteriosas salidas de ignorados senos, personajes obscuros que mediante una inspiración divina y un corazón esforzado, han producido esos milagros del patriotismo; sobran ejemplos de personajes que se convirtieron en héroes y heroínas de la libertad en América. 

Es respondiendo a estas ideas que una de las bases de la cultura moral es ese amor a la patria que debe infundirse a la juventud desde las bancas de las escuelas, y hacerle comprender que los jóvenes escolares serán un día aptos para cooperar en el gobierno, en la magistratura, en el ejército, en los talleres de la inteligencia; exaltando el espíritu recto de la nacionalidad con el conocimiento de la historia, de la geografía política, de las leyes que nos rigen, de las proezas de nuestros héroes, de las tradiciones gloriosas que van formando nuestra historia, de los grandes días cívicos, todo lo cual será amenizado con ejemplos que interesarán a los niños.

El concepto de patria envuelve, además del sentimiento moral, los elementos de territorio definido, étnico, de lengua, costumbres, de intereses comunes, de tradiciones históricas y de las naturales tendencias a engrandecerla por el trabajo, por las luces, las instituciones, entre otros.

No cabe duda que la constitución física de una nación es el suelo que pisa y las fronteras que la limitan; pero ellas no son indispensables, puesto que sin ellas subsistió largo tiempo la Polonia, y la libre y pequeña Bélgica conserva su existencia, aunque sin barreras definitivas que la separen de los países limítrofes. La comunidad de origen ha sido siempre el núcleo capital de las agrupaciones humanas a través de las edades y ha constituido el fundamento de las naciones. 

La lengua contribuyó como poderoso vehículo para integrar y formar las tradiciones y ligar a los individuos entre sí. Las costumbres y la religión han procurado la consolidación de las conciencias y el amor al hogar; usos y costumbres han sido vínculos poderosos para reformar la humana naturaleza, formando parte ineludible de la vida, del bienestar, de la satisfacción de todas las almas, de las reminiscencias del pasado que; se conservan a través del tiempo como ensueños que se adhieren fuertemente al espíritu.

Y luego, la patria supone una tradición histórica que nos coloca, aunque pequeños, en el rol de las naciones, en el movimiento del progreso; nos da lugar en la larga e interminable falange de las generaciones pasadas, a utilizar los preciosos legados que nos han hecho de todo cuanto bueno y útil realizaron para que a nuestra vez les leguemos ese capital social a las nuevas generaciones que se levantan.

Por la historia revivimos en el recuerdo de los que aun viven del esfuerzo de nuestros próceres; revivimos en las luces esparcidas por nuestros sabios, filósofos, poetas, literatos, guerreros y de todos aquellos que han puesto su contingente para formarnos una patria digna, próspera, culta y cordial con el resto de las naciones.

Las reflexiones anteriormente expuestas, pueden ser consideradas como anticuadas e ingenuas; sin embargo, no hay más grande ingenuidad que caer víctima de los dogmas de muchos agitadores de masas, que hablan contra la patria, sus próceres, sus símbolos, sus costumbres. Nuestro país ha sido testigo de la pérdida no solo de valores morales, sino que también cívicos y todo, gracias a esos demagogos que en nombre de la justicia social, la igualdad y el bien común, condujeron a nuestra patria a una lucha cruel, despiadada, que no solo acabó con la vida de unos setenta y cinco mil salvadoreños, sino que también, destruyó la economía de nuestra floreciente nación, que en su momento fue de las más prósperas de la región centroamericana; no sintiendo satisfechos aún, también pretenden acabar con nuestra identidad cultural.