UNIDAD CENTROAMERICANA

UNIDAD CENTROAMERICANA
El Art. 55 de la Cn. expresa que los fines de la educación son entre otros: "...conocer la realidad nacional e identificarse con los VALORES DE LA NACIONALIDAD salvadoreña, y propiciar la UNIDAD DEL PUEBLO CENTROAMERICANO..."

LA AMISTAD


 Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.
Es frecuente en nuestra sociedad, oír hablar a las personas de la amistad; e incluso desgarrarse sus prendas de vestir a favor de ella. En los círculos sociales se critica severamente a aquellas personas que son apáticas a las actividades de índole social, que muchas veces son bautizadas en nombre de la amistad.
Las siguientes reflexiones permitirán establecer los criterios que den el conocimiento cierto de su significado; pero sobre todo determinar a través de la inferencia e interiorización del conocimiento, si verdaderamente el comportamiento generalizado está acorde con el amplio sentido que encierra la palabra amistad.
La amistad es una virtud moral, estudiada en la Axiología y la religión. Es un valor moral[1], como la bondad, la caridad, la justicia, la honradez, la honestidad, la castidad, la lealtad, la belleza, la verdad, el heroísmo, entre otros.
La amistad es el afecto personal, puro y sincero que se profesan los seres humanos. Es más fuerte que el compañerismo. La amistad implica una relación profunda de cariño, altruismo; el compañerismo significa una relación superficial, sin intimidad y sin afecto, ni firmeza.
Lo anterior nos hace reflexionar sobre lo que expresó un autor con las siguientes palabras:
“Tú eres mi hermano del alma, realmente el amigo, que en todo camino y por siempre estás conmigo. Aquél que me da su amistad, su respeto y cariño. Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos, y tú no cambiaste por fuerte que fueran los vientos...”
En honor a la verdad, en nuestros tiempos, en que los valores supremos han sido desplazados, para darle paso a los avances tecnológicos e industriales; el egoísmo se hace evidente, pues existe una competencia entre unos y otros para obtener una posición en la sociedad o por desempeñar un determinado rol en la empresa o lugar de trabajo; difícilmente podríamos hablar de amistad, en su verdadero sentido.
Con mucha propiedad un escritor de la antigüedad expresó las siguientes palabras: “Existen compañeros dispuestos a hacerse pedazos, pero existe un amigo más apegado que un hermano”. No cabe la menor duda; lo que existe en el ambiente laboral, no es más que compañerismo, si es que acaso, se le puede dar ese nombre.
Otro canta autor expresó en una canción popular lo siguiente: “Pocos amigos que son de verdad. Cuántos te alaban si triunfando estás. Y si fracasas, bien comprenderás; los buenos quedan, los demás se van...”
Este canta autor clasificó los amigos en buenos y malos; obviamente, su experiencia a lo mejor le permitió darse cuenta de ello. Sin embargo, no se puede hablar de buenos y malos amigos; pues, se es amigo o no. Cuando una persona abandona a otra en momentos difíciles; no puede decirse que es un mal amigo; simplemente “no es amigo.”
Un amigo es pues, una persona que permite ser, que no espera que haya una actuación especial. Un amigo genera confianza que permite actuar con libertad. No es necesario esconder; pues él comprende, tolera, soporta y perdona. La confianza que brinda un amigo es excepcional. Con él, se ríe, llora  o reza. Un amigo conoce y ama.
 Con un amigo se atreve a ser uno mismo. Al estar con él, no es necesario esconder las imperfecciones propias de la naturaleza humana. Es alguien que no exige, los defectos personales se esfuman; pues para él pasan inadvertidos; la lealtad de un amigo es semejante a un inmenso océano.
Para comprender lo que es la amistad, comparto con los lectores la siguiente anécdota, del escritor Arturo Cuyás Armengol, la cual aparece en su libro titulado: “Hace falta un muchacho” y que se transcribe a continuación, para su examen:
“Era Damón un filósofo de Siracusa, que fue condenado a muerte por conspirar contra el tirano Dionisio, éste le concedió permiso para ir al pueblo cercano a despedirse de su familia, y dejar arreglado todos sus asuntos, a condición de que dejase de rehén a un fiador, el cual sufriría la última pena en lugar de Damón, si éste faltaba a su palabra de acudir a la hora fijada para su ejecución.
Su entrañable amigo, el filósofo Fintias, se ofreció a quedar en rehén y como Damón no se presentó a la hora fatal, él marchó gustoso al patíbulo y desde allí se dirigió al público diciendo que Damón era inocente de toda culpa: que tenía la seguridad de que habría sido detenido por alguna circunstancia, contra su voluntad y que tal vez en aquel momento se hallaba en camino para ir a cumplir con su palabra, pero que él, Fintias no quería demorarse en la ejecución y moriría con gusto para salvar la vida de su inocente amigo.
Apenas acababa de hablar, oyóse una voz estentórea que de lejos gritaba: “Deteneos”, y viose llegar a galope tendido a un jinete que resultó ser el mismo Damón, el cual subiendo al patíbulo, abrazó a Fintias y le dijo que su retraso al llegar, era debido a que había reventado el caballo y tuvo que pedir otro prestado en el camino para poder llegar a tiempo de evitar el sacrificio de su amigo.
El tirano Dionisio se conmovió tanto al ver el altruismo de aquellos dos amigos, que no sólo perdonó a Damón, sino que rogó a ambos que le permitiesen ser partícipe de su amistad.”
Las consideraciones expuestas anteriormente, nos hacen pensar que encontrar un amigo es en verdad, difícil; sin embargo, es necesario considerar que sin ir a los extremos; si se pueden encontrar amigos, aún en nuestros tiempos.
Es necesario valorar que la costumbre ha hecho que la amistad se confunda con algunos convencionalismos sociales, tales como: dar tarjetas navideñas y regalos en la época de fin de año; dar obsequios por compromiso, como lo es el caso de cuando alguien invita a su fiesta de cumpleaños. Asimismo, se tiene por costumbre social realizar otros eventos tales como: despedidas de la soltera, bautizos, entre otros innumerables eventos de carácter social, con un alto contenido de consumismo.
Otro elemento que es necesario considerar, es el consumismo, pues a través de la publicidad comercial, se induce a las personas a comprar, por diversos motivos, por ejemplo: día del maestro, del padre, de la madre, de la secretaria, del administrador de empresas, del médico, del profesional del derecho, en fin muchos otros que se omiten. En cada una de éstas ocasiones las personas se ven obligadas a dar obsequios, no por cariño o afecto, sino por evitar “el qué dirán”.
Como ha sido expuesto en este artículo, la amistad es un afecto sincero y leal que se profesan las personas; pero, éste es desinteresado, no busca la recompensa, que caracteriza el dar por costumbre social.
Es necesario fomentar amistad entre las personas de nuestra sociedad, pero para ello; es imprescindible educación en valores, tales como: respeto, lealtad, bondad, caridad, sinceridad, veracidad, tolerancia, altruismo, entre otros, que favorecen el desarrollo de la personalidad con una visión distinta del ser de nuestros tiempos.
Donde buscar los amigos, pues bien, el lugar propicio es la familia, son los padres y madres, quienes constituyen los amigos por excelencia, es en ellos en quiénes hay que confiar, pues son los formadores de nuestra personalidad, de ellos depende en un elevado porcentaje el éxito de los niños y jóvenes que un día tendrán que incorporarse a la sociedad como seres productivos. Por tanto, cuán importante es que los padres y madres tomen en serio su responsabilidad de educar a sus hijos, dándoles la confianza necesaria para que ellos les busquen, sin temor a ser criticados e incluso sermoneados o castigados. Un padre debe pues, oír a sus hijos, si desea que éstos le tengan la confianza necesaria para pedirles la orientación que necesitan, así las cosas la comunicación familiar favorece la amistad entre padres e hijos.
En la sociedad se hace difícil hacer amistad, pues las personas reaccionan de muy singulares formas. Tratan con desprecio, ven a sus semejantes como lacras. Resulta que la falta de educación en valores ha generado personas egoístas, que piensan en sus intereses y que buscan satisfacerlos sin importar los medios. Existe suspicacia; pues como reza un conocido dicho de la sabiduría popular: “el león juzga por su condición”; sin embargo, creo que en su interior necesitan de ese alguien que les ame, estimule y escuche. Por otra parte, algunos a lo mejor hayan sido defraudados o embaucados; en fin, son muchas las razones que hacen que la gente se comporte en contra de sus sentimientos.
Aún en medio de todas las arideces, infortunios y desengaños de la vida, la esencia de los atributos que le son propios a la naturaleza humana siguen vivos en lo más recóndito del ser. Sólo basta despojarse de los temores, de la desconfianza, el recelo para darse cuenta que existen personas capaces de amar y hacer fluir la energía positiva que transmite paz y felicidad.
  ¡Qué agradable es escuchar la alegría que provoca en otra persona un saludo sincero y afectuoso! Hace miles de años el humilde carpintero de Galilea, dijo: “Es mejor dar que recibir”. Dar afecto, cariño, sinceridad, estímulo, fidelidad, lealtad.
¡Cuán necesario es cultivar la amistad; entendida como un sentimiento piadoso y sublime que profesa el ser humano! ¡Atrévete a irradiarla!



[1] En lo personal no estoy de acuerdo; la amistad no es un valor moral por sí misma; sino el resultado concreto de la práctica de un conjunto de valores (morales).